o lo que es lo mismo; 1 ejemplo de enfermedad
Llevo semanas pensando en dejar de escribir «lo que me viene en gana» y centrarme sólo en lo que es propiamente mi trabajo. ¡Ni que tuviera yo una columna en el periódico para andar opinando de la actualidad! Lo empecé a hacer durante el confinamiento… como necesidad vital, y para mi sorpresa, descubrí que poner palabras y compartir lo que muchos estabais sintiendo era de ayuda.
No obstante, estoy en una etapa de cerrar ciclos, así que tal vez esto que hoy no me puedo callar sea una forma de despedida.
Cuando la vida me sacude fuerte es como si se rompiera algo por dentro,como si se desprendieran pequeñas fibras que se transforma en palabras que necesitan salir para sanar. No en vano la palabra es una de mis herramientas de trabajo. La palabra que acaricia, la que consuela, la que pone luz, la que también sacude y transforma para crea realidades más benéficas. La que te ayuda a volver a ti mismo cuando conversamos en la consulta.
Tal vez por eso, porque soy consciente de la importancia que tiene la palabra para construir salud o enfermedad, y lo llevo viendo desde hace más de 20 años que la uso conscientemente en mi trabajo y mi vida personal, me impacto tanto lo que hoy te quiero contar.
Hace unas semanas me enteré que las personas que viven en Irán pasan muchos días sin poder llamar a sus seres queridos que viven fuera del país y que esas escasas llamabas que logran hacer se cortan al minuto. Al minuto sí. No puedo ni imaginar la frustración y el dolor que genera no saber nada de tus seres queridos en un contesto de guerra…
Y yo que resumiendo pongo audios de 6 minutos, que cuando el tema me apasiona hablo durante horas, que creo incluso que podría dialogar debajo del agua y hasta dicen que hablo en sueños… me pareció que en un minuto no se puede decir nada, y no he podido dejar de meditar en ello desde entonces.
Lo cierto es que en un minuto se puede decir lo importante. En un minuto puedes decir: «estoy bien» «te extraño» «ánimo» «ya queda menos» «te quiero» …. Un minuto da para lo esencial, para eso que incluso los que pensamos que tenemos «todo el tiempo del mundo» se nos olvida decir…
Pero es que la vida no va, o al menos no debería ir sólo de lo esencial. Va de las pequeñas cosas del día a día, de esas a las que no les solemos dar mucha importancia, y sobre todo cuando el ser amado está en la distancia es importante hacerle y ser participe del día a día mutuo. Y poder contarse por ejemplo si hoy hizo sol o ha llovido, que han cerrado otra tienda en el barrio o que ¡por fin! han llegado los nísperos esta primavera.

Que no se nos olvide lo importante, ni lo afortunados que somos por poder telefonear en cualquier momento sin temor a la censura. Que no se nos olvide tampoco que nadie tiene todo el tiempo del mundo, que los minutos pasan para todos y son lo más valioso que tenemos, ya lo decía Momo…
Acuérdate también que sí se puede estar sano en una sociedad enferma, siempre y cuando tengamos el valor y la empatía de mirar de frente el dolor del otro y saber que también es propio. Sólo así se puede drenar y transformar el sufrimiento, mirar hacia otro lado y quejarse de lo cara que está la gasolina o que tienes que cambiar el destino de las vacaciones por la guerra…sin ser consciente del auténtico drama, es vivir anestesiado pero enfermo.
Ojalá recordemos que somos seres sociales y que nuestra salud está unida a la salud de todo el planeta, por muy lejos que nos parezca que las cosas suceden nos afecta. Ojalá tengamos el valor de recuperar la compasión y que nadie tenga que medir sus palabras porque sólo tiene un minuto para hablar. Ojalá todos podamos saber que los nuestros están bien y llamar cuando los echamos de menos para compartir tranquilamente soles, lluvias, tiendas cerradas o nísperos aunque sea en la distancia.
Y ojalá recordemos que la antigua Persia que hoy se desangra en silencio entre unos y otros es una de las raíces más fuertes de la cultura no sólo Oriental , sino Occidental. Y al menos para mí ha dado y lo seguirá haciendo a los mejores poetas o lo que es lo mismo, los mejores sanadores que alumbran a toda la humanidad.
«Si el amigo pretende preguntar por el enfermo de tristeza, dile: sé bienvenido, que todavía un aliento llega.» Hafez Shirazi
Con cariño.
Elena
Las imágenes son de una de mis películas preferidas «El color del paraíso» del director iraní Majid Majidi
